1º CICLO DE ÉPOCA DEL CLUB DE LA MANZANA

LA GRAN DEPRESIÓN AMERICANA

LECTURAS

17 de enero: De ratones y hombres de John Steinbeck
El Villorio de William Faulkner
¿Acaso no matan a los caballos? de Horace Mc Coy


Club Social de Aljarasol en Mairena del Aljarafe, Avda. de la Constitución a las 19:00.

lunes, 27 de septiembre de 2010

SOY UN GATO - Natsume Soseki

«Soy un gato, aunque todavía no tengo nombre. No sé dónde nací. Lo primero que recuerdo es que estaba en un lugar umbrío y húmedo, donde me pasaba el día maullando sin parar. Fue en ese oscuro lugar donde por primera vez tuve ocasión de poner mis ojos sobre un espécimen de la raza humana. Según pude saber más tarde, se trataba de un ejemplar de lo más perverso, un shoshei, uno de esos estudiantes que suelen realizar pequeñas tareas en las casas a cambio de comida y de alojamiento. En algún sitio he escuchado incluso que, en ocasiones, esos crueles individuos nos dan caza y nos guisan, y luego se nos zampan. Aunque he de decir que, debido quizás a mi ignorancia y a mi poca edad, no sentí nada de miedo cuando lo vi. Simplemente noté que el shoshei en cuestión me levantaba por los aires en la palma de su mano, y que yo me sentía flotar. Una vez me acostumbre a esta novedosa perspectiva, tuve ocasión de estudiar tranquilamente su rostro. El sentimiento de extrañeza todavía permanece en mí hoy en día. En primer lugar hablaré de su cara: por lo que yo sabía, las caras de todo bicho viviente suelen estar cubiertas de pelo. Sin embargo, la suya estaba lisa y pulida como la superficie de una tetera. He conocido a lo largo de mi vida a muchos gatos, de orígenes diferentes, pero ninguno tenía una deformidad como la de ese tipo. Pero no sólo era eso. Había más. El centro de su rostro estaba ocupado por una enorme protuberancia, con dos agujeros en medio por los que, de vez en cuando, emanaban pequeños penachos de humo; algo que consideré ciertamente sofocante y fastidioso. Durante un rato me sentí enfermar por causa de esas asfixiantes exhalaciones. Ha sido sólo recientemente cuando he aprendido que aquel humo era producido por el tabaco, una cosa que, por lo visto, a los humanos les pirra».

5 comentarios:

mª carmen dijo...

Soy un gato y aun no tengo nombre, así comienza el libro, cundo iba por la pagina 10 pensé es muy pronto para tener una opinión de es te gato, y a duras penas seguí leyendo, pero hubo un momento en que no podía digerirlo (no aguantaba al gato repelente, criticón, etc.), en fin que en este caso no cerré el libro, pero si el ordenador y no he podido terminarlo. No creo que se lo recomiende a nadie.

Unknown dijo...

Mi caso es un poco diferente. Yo conseguí terminarlo pero con gran trabajo y sufrimiento. Que se puede decir de este libro; la sinopsis del libro parecía interesante y el autor premio nobel y aclamado no pintaba mal, pero la realidad no se correspondía. La historia es lenta y aburrida, leerla se hace un mundo porque página tras página no consigues que la historia de interese. El escritor tiene una forma de escribir muy irónica y por lo tanto muchas veces divertida, pero se pierde en tantas diatribas y sus argumentos son tan absurdos que no terminas de engancharte, no digamos ya de seguir la historia.
El gato que es el narrador de la historia, se hace antipático desde el principio y uno de mis primeros pensamientos fué "espero que lo maten pronto". El resto de los personajes aunque a veces tienen puntos cómicos que al menos te sacan una pequeña sonrisa, no están bien definidos y en ciertos momentos te pierdes un poco entre el estudiante, el poeta, etc... Eso sí, el autor ha aprovechado para hacer una crítica feroz la la sociedad de su tiempo, creo que en todos y cada uno de sus aspectos.
Realmente no es una novela que recomendaría a nadie a menos que pretendiera matarlo de aburrimiento.

Trinidad dijo...

Mi caso está más cercano al de Mariuca porque yo también lo he leído hasta su última página. El problema ha sido que su lectura me ha resultado tediosa. No es un libro que enganche ni que se haga fácil su lectura. No obstante, y por romper una lanza en su favor, aporta mucha información sobre la cultura japonesa en una época determinada.
El libro está narrado por un gato que no cae del todo bien, y que todas sus exposiciones consisten en la visión que él, como integrante de la raza felina, tiene de la raza humana (en mi opinión el autor ha utilizado esta dualidad de razas para mostrar diferentes puntos de vistas según las clases sociales). La raza humana está representada por un grupo de personajes que a base de reuniones, siempre en el mismo sitio, van a largo de once capítulos formando el entramado del libro. De estos personajes puedo decir que ninguno me ha resultado más interesante que otro, y creo que es porque no les ocurre nada que me haya hecho estar deseosa de ver el desenlace.

Después de lo expuesto, para mí el libro siempre representará el comienzo de mi pertenencia al club.

yeyi dijo...

¡Que contenta estaba cuando vi que el libro elegido para la última reunión era "Soy un gato"! Había leído algunos comentarios en las que era considerado no solo una obra maestra de la literatura japonesa sino de la literatura universal, y además lo calificaban como una obra de humor. Pero muy a mi pesar debo decir que el gato pudo conmigo,fue como una losa sobre mi cabeza, pesado y tedioso al que odié desde el primer instante y le desee la muerte (cuanto más dolorosa mejor,...puedo llegar a ser muy cruel).
Cuando nos reunimos comprendí que aunque a todas nos había resultado igual de arduo, tenía algunas bondades: ser un reflejo de la sociedad, una crítica ácida del mundo en que vive:clasista y misántropo..., en fin, que de nuevo comprobé lo que me gusta reunirme con el club porque se ven nuevos enfoques de los libros y se aprende muchísimo y por fin te vas con un buen sabor de boca a casa (y no hablo solo de la cervecita).

Sales dijo...

Me parece a mí que este gato no le cae bien ni a los de su propia especie. El minino en cuestión, al que desde el segundo capítulo bauticé como “repelente gato Vicente”, es un personaje de lo más singular: ególatra, engreído, prepotente, presumido, pedante, petulante, cansino.
Sus largas peroratas filosóficas, sus metafísicas disertaciones sobre el carácter y comportamiento de la sociedad japonesa en particular y de la raza humana en general, a los que considera “ignorantes de su propia ignorancia”, con ese tono de sabihondo, culto en exceso, recargado, engominado, han hecho que la lectura se vuelva completamente plúmbea.
Los once capítulos son episodios más o menos independientes, con muy poco hilo argumental, con lo que tampoco tenemos una historia que seguir, por lo que el libro se vuelve aún más lento, más demorado.
Mi somnoliento paso por esta obra sólo se ha visto gratificado con algunos pasajes donde se nos cuentan las absurdas situaciones y las disparatadas conversaciones que mantiene el neurótico hipocondríaco maestro Kushami, con sus excéntricos amigos.

Es una gran decepción que la primera incursión en la obra de este reconocido escritor japonés haya sido tan poco afortunada.
Puedo afirmar que me he obligado a terminarla porque era la propuesta para el mes de septiembre y ya sabéis que no me gusta acudir a nuestras citas sin el trabajo hecho. De no ser así este libro hubiese ido directamente a engrosar las filas de mi estantería de “infumables”.

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